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Helena Ramos: Crónica sobre Helena Ramos en la Feria del Libro


Por: Franklin Caldera

Crítico de cine


Crónica sobre Helena Ramos en la Feria del Libro
Desde hace algunos años, mantengo correspondencia electrónica con Helena Ramos (née Yelena Rounova) sobre temas de literatura y cine. Pude verla por primera vez, el 8 de noviembre de 2004 cuando, flanqueada por los poetas nicaragüenses Horacio Peña y Danilo López, leyó sus poemas en el Colegio Universitario del Condado de Miami-Dade, como invitada especial a la Feria Internacional de Libro que se celebra todos los años en la Florida.

Helena habló de sus experiencias con el español, idioma que aprendió en su adolescencia, pero que domina mejor que muchos escritores que lo hablan desde la cuna. Tiene un Máster en periodismo cultural de la Universidad Estatal de Leningrado. Allí conoció a su actual esposo, Juan José Ramos Guzmán, nicaragüense, que, en la misma universidad, obtuvo un Máster en Educación Física y Deportes (con especialidad en deportes acuáticos). Helena reside en Nicaragua desde 1987. Incansable investigadora de nuestra literatura, entre sus muchas labores culturales se cuenta el rescate de la obra de las poetas más olvidadas de su patria adoptiva.

Nació en 1960, en la ciudad de Yaroslavl, fundada en 1010, a orillas del Volga. Actualmente cuenta con más de 625,000 habitantes. La poeta recuerda su ciudad natal, famosa por sus iglesias de cinco cúpulas del siglo XVII: “Carece del encanto un tanto espectral de Leningrado/Petrogrado/Petersburgo. Es antigua, de calles reposadas y tilos mansos y hay algunos templos en verdad memorables. A veces se puede oír el tiempo”.

Es hija única. La madre enseñaba química y biología en secundaria; su padre, ingeniero especializado en la construcción de barcos, se dedicó a la docencia en una escuela técnica. Su abuelo poseía una biblioteca bien surtida y, recuerda Helena, “tenía infinita paciencia para leerme en voz alta libros infantiles. En este sentido, la tradición rusa es riquísima. Creo que la primera poeta que me leyeron fue Agnia Bartó. Hasta la fecha no me he puesto a averiguar más sobre ella, es una de mis tareas pendientes”.

Escribió su primer poema a los 6 años, cuando sus padres compraron un apartamento y decidieron hacer una gran fiesta. Helena (a la sazón Yelena o Aliona, una forma muy rusa del nombre Elena) pensó en lo que pasaría si de pronto llegara un pelotón de ratas. Nos cuenta: “Nunca les he tenido miedo a los roedores. Lo que me atrajo era la oportunidad de jugar con el miedo ajeno”. Y compuso el siguiente poemita que luego tradujo al español de manera equirrítmica:

Qué pueden hacer las ratas
en medio de nuestra fiesta?
Comerse las ensaladas,
tomarse todo el vino,
llegar sin ser invitadas...
Qué vamos a hacer entonces?

De niña, la intrigaban los poemas, nada infantiles, que le leía su abuela Elena, “porque tenían misterio”. Y misterio es lo que abunda en su poesía: Acertijos dentro de enigmas, fantasmas, amores imaginarios, vientos, relámpagos...

Nadie recuerda a Carmen Sobalvarro, incluido en su poemario Río de sangre será mi nombre (Fondo Editorial CIRA, 2003), evoca a esa poeta vanguardista, nacida en Ocotal en 1908, a quien “crónicamente omiten en las investigaciones”. Con versos tan estimulantes para la imaginación como “En un armario vacío, donde / una camisa rosada, planchada, manchada de tinta, aguarda / probablemente a nadie”, el poema se originó en un viaje de Helena a Ocotal en 1998, para una investigación sociológica. Allí se alojó en la casa antigua y espaciosa de la alcaldesa.

Nos dice: “El cuarto de huéspedes quedaba a distancia de todo. Buscando las ventanas, abrí un armario con una camisa muy solitaria. La segunda daba a un corredor y la tercera, a un patio. Todo vacío y silencioso, sólo un gato forastero”. Durante el día preguntó a varias personas sobre Carmen Sobalvarro, pero nadie sabía nada de ella: “La soledad de la noche se fundió con este olvido”.

Su libro está lleno de sorpresas. Con paso firme y mirada al frente, nos va llevando por un mundo personal muy accidentado en el que el pasillo de una vieja casa solariega puede de pronto convertirse en un camino enmontañado. Si contemplamos desde una colina un mar de hierbas, podríamos terminar ahogados en un océano de sangre.

“¡Al diablo con la lírica! Simplemente hicimos el amor” grita como si marchara al frente de una manifestación de muchachos y muchachas con flores y flautas. De pronto se detiene y nos pregunta: “¿De qué novela plagiaron el Prado Ecuestre?”. Huéspedes de sus palabras, nunca sabemos si vamos a toparnos con Leonel Rugama, Edgar Allan Poe, el Che Guevara o Carlos Martínez Rivas en su infierno de cielo. “Spaghetti with mushrooms (deliciosos)”, dice alguien y otro contesta: “La rueda del hambre y de la muerte pasa primero sobre los pobres”. Después nos vamos a casa cantando una canción infantil: “una vaca, un niño, un perro, una vieja…”
Cuando Helena Ramos (née Yelena Rounova) regresó a Nicaragua, nos pusimos tristes.

Feria Internacional del Libro de Miami, Florida. 2 diciembre 2004


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