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Isolda Hurtado: La Vuelta al Canto en 800 y tantos ritmos


Por: Blanca Castellón

Poeta nicaragüense


La Vuelta al Canto en 800 y tantos ritmos
"Era la hora de la melodía"
Rubén Darío

" El poeta no tiene mas remedio que escribir
con los ojos fijos en el silencio"
Octavio Paz

Silencio de Alas viene volando desde los confines remotos de un talento dichoso, desde alguna misteriosa galaxia que ahora estrena su luz para iluminar el intrincado territorio del lenguaje, vuela desde el centro del laberinto hasta el círculo personal del sorprendido lector que deja entrar en su reino interior "el ritmo escondido de la música" con unas insoportables ganas de permanecer en cada línea donde Isolda generosa, "afina la acústica".

Doy testimonio de la gracia y ternura con que se posan las alas del silencio en el alma que entra desnuda en este poemario -recipiente del canto hondo,- escenario perfecto para aplaudir el retorno del "canto verde de las cosas".

Hay un obsequio de armonía en cada página vestida con el primor saltarín ("Saltarina amaneciste alma mía") como el alma de su autora, que nos hace gozar del tintineo coqueto, inteligente, culto, juguetón, profundamente femenino sin complejos de género, relamiente de la suerte de su sexo fuerte .

Se dilatan todos los sentidos y dejamos pasar a la palabra apoyada en el silencio que significa, que simboliza los enigmas del cosmos, que conlleva la exacta elocuencia de los números primos y parientes de cualquier ser sensible, pensante, grumete de la poesía salpicada de especias celestiales.

Isolda diseña puertas y ventanas que vamos abriendo con la seguridad de encontrar pequeños paraísos recobrados, que bien nos llevan directo a donde "la rumba conga al viento.." donde inesperadamente "tumba y retumba el sol" o nos sorprende el hallazgo de su propio corazón, que tiembla emocionado ante las "grandes pupilas"que provocan su antojo: (..."siempre estoy antojada de vos").

Isolda desata o más bien, despierta el primer elemento, el soplo creador, el viento al que se le atribuye poder fecundador y renovador de la vida:

"regresará el viento/el aullido primigenio/del tono sostenido/El concierto/en el alma"

y nos deja ciegos intencionalmente con:

"el trueno rueda/ sobre la piedra negra/de tanto brillo".

Pienso -por que a veces suelo pensar que pienso,- que ese brillo es el que "hiere las córneas" de Isolda para saltar a ciegas la barda del idioma y tenderse de cuerpo y lengua entera sobre el paraíso en permanente estado de recuperación.

No cualquier libro publicado, nos ofrece un recorrido de extremo a extremo de océanos y continentes con paisajes exclusivos, donde cualquier degustador del universo se detiene frente a un "ramillete sur" multicolor, "el invierno austral" o " bajo agujeros de ozono" y se da el gusto de contemplar dentro del "PAISAJE DE FIN DE SIGLO":

"un árbol de Sacuanjoche
con una flor solitaria
entre largas hojas
al sol
asombradas".

No cualquier baraja de palabras nos regala un paseo de extremo a extremo del canto, donde nos acompañan:

"las sombras encaramadas/ en el ultimo ómnibus/sin rumbo/ de la noche".

y sobrepuesto en la misma ruta vaya:

" gimiendo ...un saxo
en el fondo".

Bien sabe ella refrescar la sed del lector, a quien le ofrece en el momento más oportuno:

"vida de Río/y esperanzas de Plata" .

Penetra en la aridez del vacío como la misteriosa:

"gota de agua
ahonda sobre la tierra
su transparencia".

Vamos pasando página tras página impregnadas de un eco musical, que parece regir nuestro íntimo universo que traspasa el aire del sentido común, se asienta en el sentido propio y nos pinta un "aviso" que no tarda en empujarnos a una nueva lectura y una revuelta al canto.

Recomiendo abandonarse en el delicioso ritmo "que seduce a la ostra" a todo aquél que aprecia al ruiseñor que salta la reja para saciar el hambre de espacio y la sed de cielo.

Para los glotones de la belleza, hay soles, lunas, ríos, besos y grillos exaltando el júbilo y la furia de algún gallo que canta solo.

Silencio de Alas, sólo puede devolver el interés de los escépticos que aún desconfían del delicioso compás del silencio, tradicional en nuestro triángulo geográfico- poético.

Después de una de tantas lecturas que nos ofrece Silencio de Alas: Yo poeta, hidalga cabellera andante, lectora convulsiva y desordenada; me veo obligada a expulsar de mi propio paraíso, a más de un Luzbel que desea: el poema, el verso, la palabra ajena, aquélla que erguida se desplaza con la seguridad de - amar el ritmo y ritmar sus acciones - por la pasarela de SILENCIO DE ALAS.

Una vez más, editorial DECENIO apunta con acierto a la excelencia y da en el blanco.

Revista Decenio No. 17. Managua, Nic. Agosto, 2000 1 agosto 2000